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Dónde viajar en otoño: 10 destinos de Europa para descubrir esta estación

Cuando pensamos en viajar por Europa, el verano suele llevarse casi todo el protagonismo. Julio y agosto concentran las vacaciones, las playas están en plena temporada y muchas ciudades reciben su mayor número de visitantes. Sin embargo, basta con esperar…

Dónde viajar en otoño: 10 destinos de Europa para descubrir esta estación

Cuando pensamos en viajar por Europa, el verano suele llevarse casi todo el protagonismo. Julio y agosto concentran las vacaciones, las playas están en plena temporada y muchas ciudades reciben su mayor número de visitantes. Sin embargo, basta con esperar unas semanas para encontrarse con una Europa completamente diferente. Las temperaturas bajan, los días adquieren una luz más suave, las calles recuperan cierto ritmo cotidiano y los paisajes comienzan a teñirse de amarillos, ocres y rojos. Para muchos destinos, el otoño no es simplemente una alternativa a la temporada alta: es uno de los momentos más interesantes del año para conocerlos.

Viajar en septiembre, octubre o noviembre también permite elegir entre experiencias muy distintas. Al norte y en las regiones montañosas, los bosques entran progresivamente en su etapa más espectacular; en las grandes ciudades resulta mucho más agradable pasar horas caminando; mientras que en el sur de Europa todavía quedan destinos donde el clima permite alargar la sensación de verano. En las zonas vinícolas, además, el otoño coincide con la vendimia y transforma tanto el paisaje como la gastronomía local.

Eso significa que no existe un único destino ideal para viajar en otoño. Todo depende de si buscas naturaleza, una escapada cultural, buena comida, temperaturas agradables o simplemente conocer lugares populares cuando el verano ya ha quedado atrás. Estos son algunos de nuestros favoritos.

1. Lago de Bled y los Alpes Julianos, Eslovenia

Lago de Bled - Wikipedia, la enciclopedia libre

Hay lugares que parecen haber sido diseñados específicamente para el otoño y el Lago de Bled es uno de ellos. La pequeña isla situada en mitad del lago, la iglesia que se eleva sobre ella, el castillo construido sobre un acantilado y las montañas que aparecen al fondo crean una de las imágenes más reconocibles de Eslovenia. Cuando los árboles que rodean el agua empiezan a cambiar de color, el paisaje adquiere todavía más profundidad.

Bled suele recibir muchos visitantes durante el verano, por lo que viajar después de agosto permite conocer la zona con un ritmo bastante diferente. Rodear el lago caminando, subir hasta alguno de sus miradores o cruzar el agua en las tradicionales embarcaciones de madera llamadas pletna son planes mucho más tranquilos cuando disminuye la afluencia estival. La propia oficina de turismo eslovena destaca el otoño como una época especialmente interesante por los colores del paisaje, la gastronomía de temporada y la menor presencia de visitantes.

Pero sería un error viajar hasta aquí y limitarse únicamente a Bled. Eslovenia es un país pequeño, algo que juega enormemente a favor del viajero. Desde el lago se puede continuar hacia el Parque Nacional de Triglav, Kranjska Gora o el lago Jasna, donde las cumbres de los Alpes Julianos se reflejan en el agua. Si dispones de varios días, Liubliana puede completar el viaje con una escala urbana mucho más relajada.

El mejor momento: finales de septiembre y octubre, especialmente si buscas combinar senderismo y colores otoñales.

2. Praga, República Checa

Castillo de Praga - Wikipedia, la enciclopedia libre

Praga funciona prácticamente en cualquier época del año, pero el otoño le sienta especialmente bien. La arquitectura gótica y barroca de la ciudad, las torres, los tejados rojizos y el río Moldava forman un escenario que encaja casi demasiado bien con los tonos dorados de los árboles. Las mañanas empiezan a ser frescas, las cafeterías vuelven a apetecer de verdad y caminar durante horas deja de ser la prueba de resistencia que puede llegar a ser durante algunos días de verano.

El Puente de Carlos continúa siendo uno de los lugares más transitados, por supuesto, pero basta con madrugar un poco para encontrar una ciudad bastante más tranquila que en plena temporada estival. Desde allí, una buena ruta puede continuar por Malá Strana, subir hacia el Castillo de Praga y terminar paseando por Petřín. Otra opción es recorrer la ribera del Moldava y alejarse progresivamente de las zonas más concurridas del centro histórico.

Los parques también adquieren un protagonismo diferente en esta época. Letná, Stromovka o los jardines situados alrededor de Petřín permiten contemplar la ciudad desde perspectivas muy distintas mientras cambia el color de los árboles. VisitCzechia señala precisamente esta combinación de temperaturas todavía agradables y paisaje otoñal como uno de los atractivos de Praga durante estos meses.

Praga tiene además una ventaja importante para una escapada de otoño: no depende especialmente del buen tiempo. Si aparece un día gris o lluvioso, la ciudad sigue ofreciendo museos, iglesias, cervecerías históricas, cafés y edificios que visitar. No hace falta perseguir un cielo azul para sentir que el viaje ha merecido la pena.

El mejor momento: octubre, aunque finales de septiembre también suelen conservar temperaturas más suaves.

3. Baviera y los Alpes alemanes, Alemania

Alpes de Allgäu - Wikipedia, la enciclopedia libre

Alemania tiene multitud de paisajes que se transforman con la llegada del otoño, pero el sur del país es probablemente uno de los lugares donde esa transformación resulta más evidente. Baviera combina lagos, bosques, pequeñas localidades, montañas y algunos de los castillos más conocidos de Europa. En otoño, todos esos elementos aparecen rodeados por una paleta completamente diferente.

El castillo de Neuschwanstein es el ejemplo evidente. Situado junto a Füssen y muy cerca de los Alpes, recibe millones de miradas cada año, pero verlo entre montañas y bosques amarillos y rojizos aporta una perspectiva muy distinta a la típica imagen veraniega. Desde esta zona se pueden recorrer también diferentes tramos de la Ruta Romántica o desplazarse hacia el Allgäu y los paisajes alpinos del sur de Baviera.

El otoño coincide además con una tradición bastante particular de las regiones alpinas: el Almabtrieb, el descenso del ganado desde los pastos de montaña hacia los valles después del verano. En diferentes localidades bávaras este regreso se convierte en una celebración local con música y gastronomía. La oficina nacional de turismo alemana destaca tanto este tipo de tradiciones como el senderismo y los bosques de colores entre los principales atractivos de la temporada.

Si prefieres ciudad a naturaleza, Múnich puede funcionar como punto de partida, aunque dedicar al menos dos o tres días a recorrer los alrededores cambia completamente el viaje.

El mejor momento: desde finales de septiembre hasta mediados o finales de octubre.

4. Los Dolomitas, Italia

Dolomitas - Wikipedia, la enciclopedia libre

Italia aparece continuamente en cualquier lista de destinos europeos, pero en otoño merece la pena mirar algo más al norte de Roma, Florencia o Venecia. Los Dolomitas ofrecen uno de los paisajes de montaña más impresionantes de Europa y septiembre y octubre pueden cambiar por completo la experiencia.

Cuando los alerces empiezan a adquirir su característico tono dorado, las enormes paredes de roca gris quedan rodeadas por manchas de color que contrastan con los prados y los lagos alpinos. Localidades como Ortisei, Selva di Val Gardena o Cortina d’Ampezzo sirven como base para conocer la región, mientras que lugares como Lago di Braies, Alpe di Siusi o Val Gardena permiten combinar caminatas, carreteras panorámicas y pequeños pueblos.

Hay además un fenómeno especialmente ligado a estas montañas. Al amanecer y, sobre todo, al atardecer, determinadas formaciones de los Dolomitas adquieren tonos rosas, rojos y anaranjados cuando reciben la luz del sol. Se conoce como enrosadira, una palabra procedente del ladino, y el otoño es uno de los mejores momentos para contemplarlo. En Val Gardena, el contraste se vuelve todavía más llamativo desde mediados de septiembre, cuando comienza a cambiar también el color de los alerces.

Aquí sí conviene planificar más que en una escapada urbana. El tiempo de montaña puede cambiar rápidamente y algunos remontes, refugios o instalaciones reducen su actividad entre las temporadas de verano e invierno. Precisamente por eso merece la pena revisar qué está abierto antes de diseñar cada ruta y no improvisar todo al llegar.

El mejor momento: segunda mitad de septiembre y primera mitad de octubre, dependiendo de la altitud y de las condiciones de cada año.

5. Valle del Loira, Francia

Centro-Valle del Loira - Wikipedia, la enciclopedia libre

El Valle del Loira se suele presentar como “la tierra de los castillos”, y motivos no le faltan. Chambord, Chenonceau, Amboise, Villandry o Chaumont-sur-Loire convierten un recorrido por esta región de Francia en una sucesión casi interminable de palacios, jardines y pequeñas poblaciones históricas. Pero en otoño aparece otro elemento que modifica completamente el paisaje: los viñedos.

Los verdes intensos del verano empiezan a desaparecer y las viñas adoptan tonalidades amarillas, anaranjadas y rojizas. Los jardines de los castillos también cambian de aspecto y las carreteras secundarias que recorren el valle se vuelven parte del propio viaje. Es uno de esos destinos en los que tener coche puede marcar la diferencia, porque permite detenerse en pueblos y zonas rurales que resultarían mucho más complicados de integrar en una ruta exclusivamente en transporte público.

La gastronomía y el vino son otra buena razón para elegir esta época. No hace falta ser especialmente aficionado al enoturismo para disfrutar visitando alguna bodega o probando los productos locales después de pasar el día recorriendo castillos. El otoño devuelve además cierta tranquilidad a monumentos que durante los meses centrales del verano pueden recibir muchísimos visitantes. El Valle del Loira figura habitualmente entre los destinos europeos especialmente atractivos durante esta época por la combinación de castillos, viñedos y color otoñal.

Una ruta de cuatro o cinco días permite conocer bien una parte del valle sin convertir el viaje en una carrera por tachar castillos de una lista. Tours, Blois o Amboise funcionan bien como bases dependiendo del itinerario.

El mejor momento: octubre.

6. Perthshire y las Highlands, Escocia

Highland - Wikipedia, la enciclopedia libre

Si la imagen que tienes en mente cuando piensas en otoño incluye bosques cobrizos, lagos, niebla y pequeños pueblos, Escocia probablemente sea el destino de esta lista que más se aproxima a ella.

Una de las zonas más interesantes se encuentra alrededor de Perthshire, entre las Highlands y las tierras bajas. Aquí están Pitlochry, Loch Faskally, Dunkeld y The Hermitage, un bosque atravesado por senderos, cascadas y algunos árboles monumentales. En octubre, la propia organización turística escocesa considera esta región uno de los puntos culminantes de la temporada de color y sitúa ese mes como uno de los mejores momentos para visitarla.

Desde allí se puede prolongar el viaje hacia las Highlands o combinar unos días de naturaleza con Edimburgo. Esta última es una opción especialmente buena si el viaje se acerca ya a noviembre: aunque los días son más cortos y el tiempo puede ser variable, la ciudad ofrece suficientes museos, pubs, restaurantes y lugares históricos como para que la lluvia no arruine los planes.

Eso sí, aquí hay que asumir que el clima forma parte de la experiencia. Durante el otoño las temperaturas en Escocia suelen moverse aproximadamente entre los 8 y los 15 ºC y las horas de luz disminuyen conforme avanza la estación. Es un destino para llevar impermeable, calzado adecuado y cierta flexibilidad, no para organizar cada jornada esperando diez horas de sol.

Y quizá precisamente por eso funciona tan bien en otoño.

El mejor momento: octubre para naturaleza y color; noviembre puede resultar especialmente atractivo para combinar paisaje y ciudades.

7. Oporto y el Valle del Duero, Portugal

Oporto - Wikipedia, la enciclopedia libre

Hay una diferencia enorme entre visitar únicamente Oporto y utilizar Oporto como puerta de entrada al Duero. Ambas cosas merecen la pena, pero juntas forman uno de los viajes más completos que se pueden hacer en Europa durante el comienzo del otoño.

A poco más de una hora de la ciudad empiezan a aparecer las laderas cubiertas de viñedos que descienden hacia el río. El Alto Duero es un paisaje construido durante siglos alrededor de la producción de vino y está reconocido como Patrimonio Mundial. Después del verano, las terrazas cambian progresivamente de color y las viñas adquieren tonos amarillos, naranjas y rojizos que siguen el curso del río.

Septiembre y octubre son además meses especialmente ligados a la vendimia. Muchas quintas dedicadas al enoturismo organizan visitas y experiencias relacionadas con la cosecha, y localidades como Peso da Régua, Pinhão, Favaios o Provesende permiten acercarse a la cultura vinícola de la región sin reducir todo el viaje a una cata. Turismo de Portugal señala precisamente septiembre y octubre como meses especialmente interesantes para participar en vendimias y conocer las zonas productoras.

Una de las mejores cosas del Duero es que no existe una única forma de recorrerlo. Se puede conducir por sus carreteras, desplazarse en tren desde Oporto, navegar por el río o combinar varias de estas opciones. Si tienes tiempo, pasar una noche en el propio valle permite disfrutarlo con mucha más calma que en una excursión de ida y vuelta.

El mejor momento: septiembre para vivir más de cerca la vendimia; octubre para disfrutar del cambio de color de los viñedos.

8. Sevilla, España

Plaza de España (Sevilla) - Wikipedia, la enciclopedia libre

No todo viaje de otoño tiene que incluir hojas rojas, montañas y un abrigo. A veces lo que buscamos precisamente es lo contrario: seguir disfrutando del exterior cuando buena parte de Europa ya empieza a prepararse para el frío.

Sevilla es una candidata perfecta.

Tras los meses más calurosos, llega una época mucho más cómoda para recorrer a pie una ciudad que prácticamente obliga a hacerlo. El Real Alcázar, la Catedral y la Giralda pueden ocupar buena parte de una primera visita, pero Sevilla se disfruta especialmente cuando dejamos de encadenar monumentos y empezamos simplemente a caminar. Santa Cruz, Triana, la ribera del Guadalquivir, el Parque de María Luisa o la Plaza de España permiten llenar una jornada sin necesidad de elaborar un itinerario demasiado rígido.

La luz también cambia. El sol más bajo produce tardes especialmente agradables alrededor del río y suaviza el calor que durante el verano condiciona las horas centrales del día. La oficina de turismo de Sevilla presenta precisamente el otoño como una temporada de temperaturas más suaves, paseos y fuerte actividad cultural.

Por eso es uno de los destinos que mejor encajan cuando el viaje se produce más tarde. Mientras otros lugares de esta lista alcanzan su mejor momento en septiembre o octubre, Sevilla puede seguir siendo una elección muy interesante durante noviembre.

El mejor momento: octubre y noviembre.

9. Transilvania, Rumanía

Transilvania - Wikipedia

Pocas regiones europeas llegan al otoño con un imaginario tan potente como Transilvania. Bosques interminables, montañas, ciudades medievales, fortalezas y, por supuesto, siglos de historias que terminaron mezclándose con la figura de Drácula.

La realidad, afortunadamente, es mucho más interesante que el tópico.

Brașov puede funcionar como base para conocer buena parte de la región. Su centro histórico, rodeado por los Cárpatos, permite combinar una pequeña ciudad europea con excursiones de naturaleza y visitas a localidades y castillos cercanos. Bran es la parada más conocida por su asociación turística con Drácula, aunque merece la pena ampliar el recorrido hacia lugares como Sinaia, donde se encuentra el castillo de Peleș, o Sighișoara, uno de los conjuntos medievales mejor conservados de la región.

En otoño, los bosques de los Cárpatos transforman el viaje. Las diferencias de altitud hacen además que el cambio de color no llegue simultáneamente a toda la región, alargando el periodo en el que pueden encontrarse paisajes otoñales.

Octubre tiene un atractivo añadido evidente para quienes disfrutan de la atmósfera asociada a Halloween, pero reducir Transilvania a historias de vampiros sería perderse precisamente lo que hace interesante el destino: pueblos sajones, iglesias fortificadas, gastronomía, montaña y algunas de las carreteras y paisajes rurales más particulares de Europa oriental.

El mejor momento: octubre.

10. Una ruta por la Toscana y Umbría, Italia

Archivo:SanGimignanoPanorama6.jpg - Wikipedia, la enciclopedia libre

Si los Dolomitas representan la cara más montañosa del otoño italiano, el centro del país ofrece una experiencia completamente diferente. Toscana y Umbría cambian el dramatismo de los Alpes por colinas, viñedos, olivares, pueblos medievales y ciudades históricas.

Florencia puede ser el comienzo natural, pero el viaje gana mucho cuando se abandona la gran ciudad. Siena, Arezzo, Montepulciano, Pienza, Orvieto, Perugia o Asís permiten construir una ruta en la que las distancias son relativamente pequeñas pero el paisaje cambia continuamente. Las carreteras secundarias atraviesan campos y pequeñas localidades donde el otoño coincide con parte de la temporada de cosecha y con una gastronomía especialmente vinculada al territorio.

Umbría resulta particularmente interesante en esta época por los productos de temporada y las trufas, mientras que las zonas vinícolas de Toscana ofrecen otra forma de acercarse a paisajes que durante el verano suelen ser mucho más secos. La vendimia, los mercados y las celebraciones gastronómicas hacen que el otoño tenga aquí bastante más importancia que la simple disminución del número de turistas; publicaciones especializadas en viajes continúan destacando Umbría como uno de los destinos europeos especialmente interesantes en esta estación por su gastronomía y la temporada de trufa.

Es también uno de los destinos donde merece la pena viajar despacio. Intentar visitar cinco pueblos cada día suele acabar convirtiendo una ruta preciosa en una colección de aparcamientos y fotografías rápidas. Elegir menos lugares, pasar alguna noche fuera de las grandes ciudades y dejar tiempo para comer sin mirar el reloj probablemente sea una mejor forma de conocer esta parte de Italia.

El mejor momento: octubre y comienzos de noviembre.

Entonces, ¿dónde merece más la pena viajar en otoño?

La respuesta cambia bastante dependiendo del momento concreto del viaje. Septiembre conserva todavía parte del carácter del verano y es especialmente interesante para destinos alpinos, rutas de montaña y regiones de vendimia como el Duero. También es una buena opción si queremos evitar tanto el calor intenso de julio y agosto como las temperaturas considerablemente más frías que llegarán unas semanas después.

Octubre es probablemente el mes más completo para viajar por Europa en otoño. Los paisajes de Eslovenia, Baviera, Escocia, Transilvania o el norte de Italia empiezan a mostrar sus colores más reconocibles, mientras que ciudades como Praga resultan muy agradables para caminar. Es también un mes excelente para los viajes relacionados con gastronomía, naturaleza y regiones vinícolas.

Noviembre, en cambio, requiere elegir mejor el destino. Las jornadas son más cortas en el norte y muchos paisajes empiezan a entrar ya en una transición hacia el invierno, pero eso abre otras posibilidades. Las ciudades culturales cobran más importancia y lugares del sur como Sevilla siguen ofreciendo temperaturas mucho más amables que buena parte del continente. También es un momento interesante para quienes prefieren viajar con todavía menos visitantes y no necesitan garantizar actividades al aire libre durante todo el día.

Quizá esa sea precisamente una de las mayores ventajas de Europa en otoño: no hay una única forma de vivir la estación. Podemos pasar una mañana rodeados de alerces dorados en los Dolomitas, recorrer los viñedos del Duero unos días más tarde o sentarnos en una terraza del sur de España mientras en las Highlands escocesas las tardes comienzan ya a acortarse considerablemente.

El verano invita muchas veces a viajar buscando un lugar concreto. El otoño, en cambio, invita a elegir qué tipo de viaje queremos hacer. Y pocas épocas del año ofrecen tantas posibilidades diferentes sin necesidad de abandonar Europa.

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